Hay momentos de nuestra vida que no se borran aunque pasen años desde que sucedieron.
Destellos en nuestra memoria que iluminan segundos de nuestros días.
Un cierto olor que se cruza en nuestro camino mientras andamos por el centro de la ciudad, un perfume, una comida, un día lluvioso con un café en la mano sentada en la cafetería mirando a la gente a través del cristal del local.
Recordar aquel abrazo de la infancia que un día te dio tu madre o dormirse en su regazo.
Las tardes en el puerto con tu padre, preguntándole "que pescado es ese?"
Las risas con los amigos mientras practicas deporte o ves una peli en el salón de la casa de una amiga.
El primer beso, la mirada profunda del chico que te gusta.
La cena tan especial que te preparó tu novio.
El despertar por la mañana y ver que mira todo tu cuerpo y lo acaricia, te mira a los ojos y no hay palabras porque no se necesitan, te lo dice todo con la mirada y los besos.
Los primeros días de universidad.
Las cenas de la facultad con los compañeros de clase.
El erasmus, con todo lo bueno y lo poco de malo, como echar de menos a familia.
Los nuevos amores y las fiestas con las amigas
El primer día de prácticas en la empresa.
Etc...
Es curioso, pero cuando recapitulo en los recuerdos me acuerdo de lo bueno. Parece que lo malo queda atrás y no tengo interés en recordar.
Recordar esto me hace sentir bien, sentir que sigo siendo yo, creciendo y disfrutando.
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