Segundo día del camino. Empiezo la marcha temprano. Aprovecho los primeros rayos del sol para andar y disfrutar del silencio y la temperatura fresca de la mañana que tanto me gusta. Andar y andar, reflexionar y ver lo que me rodea, además, del amanecer entre las montañas.
Mientras ando me cruzo con "Way", un canadiense de origen asiático con el comparto unos kilómetros mientras reflexionamos de la vida. Es un experto ya en esto del camino porque hizo el camino francés entero en tan solo 20 días y cómo le sobraba tiempo decidió hacer el portugués. ¡Qué fiera!
Sigo el camino sola porque él para a hacer un café, pero pronto me encuentro con Inés y Susana (unas portuguesas que conocí en el albergue la noche anterior). Inés es muy risueña y agradable. Siempre está contenta y al final del camino compartimos unos emotivos momentos junto al resto de compañeros. El vínculo que se crea con la gente durante el camino es algo que no se puede explicar.
Esta etapa está llena de subidas y bajadas por medio de aldeas y campo. Una de las vistas más bonitas que recuerdo es la de ver la ría de Vigo a lo lejos. Pero también, me sorprende la hermosura de Redondela al llegar. Pequeña ciudad en medio del valle, bañada por un pequeño río con una bella alameda y con dos acueductos, uno de ellos rehabilitado para ser la vía del tren.
Llegamos temprano y el albergue está cerrado, por lo que aprovechamos para hacer un poco de turismo. No estoy cansada pero la primera ampolla hace acto de presencia (no me van a abandonar desde este día y se van a ir sumando a una por día hasta llegar a Santiago, donde mis pies ya sufren de tendinitis).
Redondela, primer vistazo y ya me tiene enamorada. Vuelta por el mercado central estampado de paradas de pescado, verdura y pan. Coincidimos con el festival de títeres y la gente local se mezcla con los "perro flautas" y los peregrinos, que para el caso, por las apariencias nos pueden meter en el mismo saco tanto a ellos como a nosotros.
Después de comer la mejor comida hasta el momento y por sólo 3,50€ (un plato combinado a rebentar de verdura y carne) llegamos al albergue y coincido de nuevo con Pedro, Ana, Manuel, Juan y Jimmy. Desde ese momento hasta el final de mi aventura ya no me suelto de ellos. Gente enormemente feliz y con la que compartir estos días se hace muy especial.


No hay comentarios:
Publicar un comentario