domingo, 25 de mayo de 2014

Camino de Santiago - Vuelta a casa

Santiago de Compostela - Chester

Meditando la última noche antes de llegar a Santiago me sorprendió el pensamiento de ver como la gente respeta muchísimo las cosas del resto de peregrinos y como todos nos íbamos alegrando de ir viendo que con los que nos hemos cruzado durante las etapas van llegando a los albergues. Son compañeros de viaje, gente que no conocíamos previamente, cuyas vidas son totalmente diferente a las nuestras, pero con los que compartimos el mismo camino. Pisan donde nosotros pisamos y nosotros donde ellos lo hacen. Previamente, lo han hecho otros, durante muchos siglos atrás. Muchos de los peregrinos son mayores, cosa que hace aún más interesante ver la capacidad de superación que todos tenemos.

El último día en Santiago cobra gran significado. Es día de reencuentros y de despedidas. Los chicos y Ana están en la plaza esperándome para entrar brevemente en la catedral ya que ellos tienen el vuelo a casa a mediodía y no pueden demorarse más. Me despido de ellos sabiendo con certeza que nos volveremos a ver. Ana y Pedro me regalan una concha de peregrina para que la lleve en mi próximo camino. Eso está más que hecho! Pero lo que me regalan es algo más profundo, me regalan su amistad, que va mucho más allá de cualquier cosa material, y ellos saben que tienen la mía.

Tras ver como esas 5 compañeros de viaje se van, esas personas que me han aceptado como una más durante estos días, regreso al interior de la catedral para asistir a la misa del peregrino. Se respira felicidad en el ambiente (además del humo del botafumeiro) y las miradas se cruzan en el espacio tratando de reconocer a los compañeros de viaje. Reconozco varias caras familiares de entre el grupo de gente a las que más tarde voy a saludar. Mis pensamientos divagan entre las palabras que el cura está diciendo y lo que veo. Mi ojo crítico con la iglesia no puede ocultarse y pienso en la cantidad de dinero que se mueve en este templo (perpetuamente en obras). Por ejemplo, el religioso confirma que el botafumeiro hoy se ha puesto en funcionamiento porque un grupo de peregrinos mexicanos han pagado por él la friolera de 500 euros. Estas cosas me sorprenden...

Dejando atrás "la experiencia religiosa" me embarco en lo que todo turista hace cuando llega a la ciudad: visitar los sitios destacados e ir de compras. Me encanta la comida y lo primero que hago es pensar en la comida. Mientras voy viendo las calles más significativas de la ciudad que no tuve tiempo de ver el día anterior también voy entrando en las tiendas y probando los manjares que se prestan a la vista y al gusto. Pero no solo de pan vive el hombre y acabo entrando en una tienda de souvenirs donde compro algunos recuerdos y detalles para los míos, que aunque estén a muchos kilómetros de distancia, siempre los tengo en mi mente.

El hambre aprieta y decido volver a probar suerte comiendo en el restaurante del día anterior. Al llegar, compruebo que está cerrado pero ¡cuan grande es mi sorpresa que en el restaurante de al lado me encuentro a mis amigas inglesas "happy camino" y al hombre alemán con el que anduve un rato el primer día! ¡Me encantan las sorpresas que este viaje me está ofreciendo hasta el último momento! Comparto mesa con ellos y hablamos sobre la experiencia entera de realizar el camino desde la frontera de Portugal hasta Santiago de Compostela. Todos confirmamos que ha sido una gran experiencia que merece la pena realizar al menos una vez en la vida y repetir, porque todos vamos a repetir. A mi me ha enganchado y me ha llegado a llenar más que cualquier escapada de unos días. Mis amigas "happy camino" comentan que si regreso a Londres y les digo que si. ¡Resulta que tenemos el mismo vuelo! Terminamos de comer y nos despedimos de nuestro amigo alemán para recoger las mochilas.

Es un placer compartir la vuelta a casa con Andrea y Jane (como así se llaman mis amigas "happy camino"). Resulta que viven en una ciudad muy cercana a Chester y ambas tienen hijas de mi edad. Es reconfortante ver que gente tan diversa puede coincidir en una cosa tan simple como es ANDAR. Andar por un motivo tan simple como disfrutar, como compartir, como realizar un trayecto que se ha realizado durante siglos. Andar por motivo religioso o no, para conocer una nueva cultura o pare experimentar nuevas aventuras. Compartimos vuelo, tren desde el aeropuerto hasta el centro de Londres donde nos despedimos para tomar nuestros respectivos trenes que nos devolverán a casa. Intercambiamos correos electrónicos pero durante todo el viaje no podemos dejar de reír y recordar los días en Galicia, los bares donde nos hemos cruzado, lo que hemos comido y bebido y la gente con la que hemos compartido momentos extraordinarios.

Finalmente, al entrar en mi casa, vuelvo a sentirme arropada por el hogar y aunque he disfrutado como una niña haciendo el camino también tenía ganas de volver a dormir en mi cama...

No hay comentarios: