Suena el despertador, bueno mejor dicho, la gente que ya hace un rato que se está moviendo me despierta antes que el despertador. Veo la hora y son las cinco y media de la mañana. ¡Madre mía que manera de madrugar! Se nota que es la última etapa y todo el mundo quiere llegar a la plaza de Obradoiro lo antes posible. Me levanto y cuando me estoy vistiendo me llevo un buen pisotón del "vecino de arriba" que se está vistiendo y no ve mi pie porque las luces siguen apagadas.
Increíblemente a las seis y media de la mañana estamos ya en marcha tras haber desayunado un simple café con leche y una magdalena. La gente está animada, es el último tramo y aunque falten fuerzas se sacan de donde sea. Salir tan temprano me reconforta, ya que puedo notar el rocío de la mañana, ese frescor que te carga las energías. Voy andando con Juan porque Ana, Jimmy y Pedro van más rápido y Manuel más despacio. Hablamos de nuestras vidas, de nuestras experiencias de las vivencias más profundas. Es de resaltar como en general la gente se abre tanto durante esta experiencia.Andamos sin parar durante 18 km. No había ningún pueblo en el que parar a una cafetería, ni ningún sitio en el que descansar, ni nada por el estilo. Sólo pequeñas aldeas donde incluso las ventanas de las casas estaban cerradas a cal y canto debido a la temprana hora en la que vivíamos. Al final llegamos a las afueras de Santiago, primer recodo donde encontramos civilización y paramos en la cafetería del polideportivo municipal. Son las 10:30 - 11:00 de la mañana y llegamos antes que Ana, Pedro y Jimmy que se han perdido y han regalado 2km extra al camino por hacerles caso a uno "guiris" que llevaban un GPS y no han seguido las flechas... Mejor hacer caso a lo de toda la vida. Es todo un alivio llegar a la cafetería. Reponemos fuerzas con un buen almuerzo, cambio de ropa en el baño (me moría de calor con los pantalones largos) y una buena charla con el resto peregrinos. Ya estamos todos juntos de nuevo y salimos al ataque de los 6 últimos km para llegar a plaza Obradoiro.
El último tramo es de pendiente empinada y mis pies están ya muertos, pero, la energía que me da llegar al destino final junto a todos los amigos que he hecho aquí no se puede comparar con nada. Los últimos 3km empiezo a llamar a mi padre, mi hermana y mis mejores amigas. ¡Lo he conseguido! Me llena de satisfacción haberlo hecho. Estoy tan feliz... Ya quiero repetir la experiencia.
Entramos por el casco antiguo por "Rua do Franco", que aunque tiene el nombre del dictador español no tiene nada que ver. Según cuenta la historia la calle, o Rua en gallego, se llama así porque era por donde entraban los peregrinos que llegaban de Francia (los francos, entendidos bien como cualquier peregrino llegado a través de los Pirineos, como ‘hombres libres' o como ‘Nación Franca' - Rua do Franco). Esta calle está llena de restaurantes, hoteles y tiendas de souvenires para todos los turistas.
Finalmente, ¡llegamos a la catedral! Sonrisas, risas, abrazos, felicitaciones, fotos y finalmente dejar la mochilas al suelo, acostarnos y levantar los pies al aire para hacernos la foto con la catedral al fondo. Esta imagen no se borrará nunca de mi memoria.El cansancio puede con nosotros y son las 12 del medio día. Decidimos ir al hostal a ducharnos, descansar y después salir a comer. Los chicos tienen hotel ya encargado y no había sitio para mi cuando llamé hace unos días, por lo que me quedo en un albergue que está muy bien y cerca. Tras reencontrarnos salimos a comer. Decidimos ir a comer de nuevo en un restaurante que Ernesto, el amigo de Jimmy, nos ha recomendado. ¡Increiblemente bueno! Está muy escondido pero tenemos que esperar para comer en Restaurante Entre Ruas. Merece la pena esperar por el festín que nos vamos a comer por un precio tan módico.
Con la barriga llena, los pies destrozados y el cansancio acumulado volvemos a descansar de nuevo para recuperarnos para la tarde/noche que vamos a gestionar la solicitud de la compostelana. Nos encontramos con Inés, la chica portuguesa y con la familia madrileña. Despedidas, fotos e intercambio de números de teléfono. Recordaré su sonrisa y la luz de su mirada. Cae la noche y vamos a ver el fútbol (final europea entre el R.Madrid y el Atlético de Madrid) mientras vamos de ruta para cenar.
De nuevo seguimos con los consejos del amigo y volvemos a comer increíblemente bien. Yo voy con mis chanclas porque no hay dios que se vuelva a poner los zapatos ruta por culpa de las ampollas y el dolor de la tendinitis pero aún así cuando terminamos de copas y bailando soy de las que más da. ¡Sólo se vive una vez!Compartimos una gran noche todos juntos y además nos encontramos a unos hermanos americanos y otras dos chicas que van con ellos. Todos bailando, bebiendo, cantando y disfrutando del momento, porque el camino es mucho más que andar, mucho más que el momento interior, es compartir, es disfrutar, es descubrir...
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