miércoles, 21 de mayo de 2014

Camino de Santiago - Tercer día del camino

Redondela - Pontevedra

Tercer día, ecuador de mi aventura en el Camino de Santiago, y definitivamente me he unido al
pequeño grupo de amigos andaluces. ¡Me lo estoy pasando tan bien con ellos! ¡Qué risas! y que alegría de vivir. 

Salimos tarde, casi los últimos del albergue. Acabo de romper uno de mis propósitos que era el de levantarme pronto y empezar el día mejor, pero la verdad es que hasta ahora había llegado muy pronto al albergue y también es bueno levantarse con fuerzas renovadas y bien descansada. 

Mientras andamos el grupo se divide según la velocidad a la que andamos. Yo voy andando con Ana pero llega un momento en el que ella necesita ir más rápido y me quedo sola. Disfruto del camino atravesando el bosque sin hablar con nadie y el silencio me permite oír los pájaros y como la lluvia cae. Lo disfruto pero también he de decir que está siendo un día complicado porque el camino es todo cuesta en la montaña. ¡Qué cansancio!

Andando y andando sin parar porque no hay ni un bar en el que poder almorzar hasta que llego a una casa particular donde el propietario había habilitado el garaje como "estación de peaje" del peregrinaje. Ahí están la mayor parte de la gente con la comparto el camino, a parte de mis amigos andaluces, estén la madre y el hijo alemanes, el grupo de madrileños, los italianos, las inglesas, los americanos, mi amigo canadiense... todo el mundo está aquí y además van llegando el resto. Comemos, bebemos, reímos y tomamos unas fotos para el recuerdo :)

Llegamos a Pontevedra. Este último tramo si que lo hemos hecho todos juntos y decidimos ir a quedarnos a un hotel en vez del albergue porque queremos disfrutar de la ciudad por la noche y en albegue cierran a las 10. ¡Todo un acierto! Tras un descanso merecido salimos a conocer a la ciudad con un amigo de Jimmy que nos mostró los entresijos de callejuelas e historia mientras hacíamos las respectivas paradas en bares y tabernas (porque eso también es cultura... y ¡vaya cultura!).

La noche fue llegando y nuestras bocas se colmaron con vino, queso, marisco y carne de esta magnifica ciudad. ¡Gocé como una niña! Terminamos tomando una copas con cierto aire inglés moderno. Cómo os podeis imaginar la noche se alargó y al día siguiente levantarse de la cama fue toda una odisea...

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